XIV aniversario de la Canonización de San Marcelino Champagnat

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Marcelino se tomó muy en serio la Buena Noticia de Jesús. Fue un hombre santo porque vivía el acontecer de cada día de una manera excepcional y hacía las cosas ordinarias con extraordinario amor. Ya que se le había concedido descubrir el gozo que emana del evangelio y su fuerza transformadora, quería compartir igualmente con los demás, sobre todo los jóvenes, todo lo que había visto y oído.

Seguramente, a través de la mirada de Champagnat, vemos personas que son eso, santos, porque son:

- una luz y un sol que ilumina y vivifica a cuantos le rodean;
- un modelo para todos y un libro en el que sabios e ignorantes pueden leer lo que deben practicar para salvarse;
- el instrumento de las bondades y misericordias de Dios;
- un hombre débil y sujeto a pecado como nosotros;
- un hombre que jamás se queja de la suerte;
- un hombre obediente a sus superiores;
- un hombre en quien no habita el resentimiento;
- una persona que ama a sus enemigos;
- una persona que no se contrista en medio de las tentaciones y pruebas que Dios le envía, pues sabe que son necesarias para fortalecer la virtud y contraer méritos.

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